Bullying y Materialismo
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A propósito de la desenfrenada ambición material, superficial  y consumista que nos absorbe y que desde niños se nos impone, trayendo con ello consecuencias como el popular  fenómeno del “bullying o matoneo”, evidenciado en casos humillantes y tristes en los que por ejemplo si  un niño no tiene los tenis de marca de sus compañeros, es objeto de burlas y un maltrato psicológico despiadado y cruel.

Esto trae como consecuencia que estos niños además, crezcan  sintiéndose profundamente  inseguros e inferiores a sus pares, todo porque se posee menos materialmente que los otros.

 

Absurdo pero real.

 

También se observa una  proliferación social que se expande  como epidemia de  individuos pretenciosos (conocidos coloquialmente como “fanfarrones, fantoches; chicaneros” )  quienes intentan demostrar su supremacía sobre otros a través de la posesión material o aún peor  de sus cómplices ( toda una sociedad prácticamente) quienes a través de dichas máscaras,  mantienen y refuerzan esas tendencias, muchos de ellos son padres de familia de niños con rasgos disociales (agresivos sin control)  quienes agreden y humillan  a otros sin piedad o empatía alguna.

 

Padres que por ejemplo, envidian a sus vecinos con más posesiones.

 

Muchos niños maltratados o con una crianza excesivamente autoritaria, coercitiva y distante afectivamente, desarrollan sentimientos hostiles hacia sus padres los cuales desplazaran posteriormente  hacia otros que se   consideren más débiles o inferiores.  De acuerdo con la psicoanalista karen Horney: la dificultad de dar y recibir cariño, la falta de valoración de sí mismo y la agresividad son las caras invertidas del “ser”. Para compensar dichas deficiencias el hombre moderno (occidental, consumista, materialista) tiende a buscar “poseer”. De esta forma el “tener” se visualiza de manera fantasiosa como un antídoto contra la infelicidad o como mecanismo de consecución de la misma.

 

El individuo, inmerso en la sociedad occidental moderna, una sociedad tecnologizada excesivamente y que día a día impone nuevos retos de consumo, se encuentra constantemente presionado a poseer  en la medida en que necesita ostentar  para sentirse cercano a un   ser “con sentido”, pero tal ostentación no ha de confundirse desde niños , como se observa en tantos escenarios, incluso educativos, con el ser mismo.

 

Tener, pretendiendo que ya con ello se es más que el otro , es un mecanismo de defensa que autoengaña al sujeto protegiéndolo de sus sentimientos profundos de inferioridad, lo cual en busca del verdadero SER, carece de total sentido, si en el individuo, ello  no trasciende más allá de una búsqueda más profunda y real, de ser.

 

Paradójicamente no es  intentando poseer ni subestimar al otro como más se logra esto, por el contrario, los niños han de aprender y también los padres que dando es como se recibe y se encuentra el  sentido mismo de la vida, dicha satisfacción profunda en procura de la autorealización, esa  misma que tanto  han rescatado las corrientes de orientación humanista.

 

Solo una vida vivida para los demás, merece la pena ser vivida

Albert Einstein

 

Mientras el afán normal de tener, se encuentra asociado al bienestar personal real; familiar;  a unos ideales científicos; religiosos; de autorealización; de crecimiento vocacional  o  de búsqueda del bien común, el afán neurótico (entiéndase como el afán disfuncional o patológico) se cimienta sobre la propia inseguridad, los sentimientos profundos de inferioridad no reconocidos o la angustia de la envidia frente al otro .

Ejemplo:

 “No seré,  tan feliz hasta que tenga un auto o una casa tan nueva, tan bonita  o tan grande como la del otro”; ” Seré más feliz si tengo un trabajo en el que gane más dinero y tenga más prestigio que si estoy en uno en que me se sienta  mas satisfecho, realizado   y a gusto” ; Debo estudiar una carrera que me acarree beneficios económicos, fama o  estatus elevado más que una que satisfaga mis potencialidades y vocación ya que temo hacer lo contrario y ser subestimado por la sociedad“.

 

¿Que le podemos pedir entonces a los niños de hoy?

 

De acuerdo con Horney:

“El afán normal de poderío nace de la fuerza, el neurótico de la debilidad”.

No es poco común encontrar en los casos e historias de vida que muchas de las ambiciones materiales pretensiones o necesidades de posesión y poder del individuo actuales frente a las cuales cimienta su felicidad,  constituyen en ultimas una proyección de las falencias profundas que en la personalidad se cimentaron en el pasado, tras haberse frustrado deseos o necesidades  tempranas en el individuo (generalmente en la niñez o la adolescencia). Por ejemplo, necesidades afectivas o de reconocimiento frustradas por parte de figuras importantes para el individuo como sus padres en casa, o los compañeros de colegio en la etapa escolar o la secundaria. Así, experiencias previas de frustración afectiva, rechazo, o carencias que frustraron el deseo  tempranamente, instauran en el individuo profundos e inconscientes sentimientos de inferioridad que se proyectan (se ponen en evidencia en sus relaciones y en cómo percibe a otros) cada vez que se muestra como poseedor ante el otro. El individuo intenta ser alguien, ser reconocido, intentando resolver  allí sus frustraciones tempranas de las cuales ahora no es consciente o que ha reprimido en su memoria, intentando completarse fantasiosamente con cada posesión.

 

De dichas carencias, se deriva el narcisismo patológico (búsqueda de reconocimiento exacerbada)  que puede desencadenar incluso en conductas impulsivas, que a costa de satisfacer fines personales pueden hacerle al individuo pasar por encima de otros a toda costa, o a través de mecanismos poco éticos como las campañas de desprestigio frente al otro, la corrupción de los valores morales o la adhesión a la premisa de que el fin justifica los medios.

 

“Cuanto más reconocimiento y  éxito tenga más me querrá la gente, más seguro me encontraré y no tendré que destruir al otro sin sentirme menos”. 

 

Ejemplos de ello se observan en la cotidianidad en diferentes contextos sociales como el  político (en las dinámicas de ejercicio del poder y consecución del mismo a toda costa ),en el  económico, en la rama legislativa nacional (congreso)  o judicial en donde los fines personales se superponen a los colectivos , lo cual se hace manifiesto en graves fenómenos que no son otra cosa que  enfermedades sociales  que afectan en gran medida a los pueblos a y a los más necesitados  y pobres como la corrupción. Por todo ello, resulta siempre útil reflexionar sobre las características de nuestras necesidades personales  frente al ser y al tener, y sobre  qué se esconde y se busca a través de cada una de dichas necesidades. Sin duda las necesidades neuróticas no son solo autoengaños fantasiosos, idealistas y banales; sino también autolesivas para la verdadera búsqueda profunda  de satisfacción, sentido y felicidad;  para los valores que se transmiten a los niños y para el bien de toda una sociedad.

 

Es por ello que es menester del sistema educativo la promoción de valores y esquemas de pensamiento que le den valor al ser humano, a las relaciones y al otro como alguien valioso que contengan la valorización del otro mediada solamente por intereses materiales. el contexto escolar y las familias son claves para promover en nuestros niños y niñas esquemas de valores que promuevan la solidaridad, la compasión, la humildad y la búsqueda generosa no tan solo del bien propio sino del bienestar común y en especial del de los más necesitados.

 

El Colegio Gimnasio Campestre contempla desde su visión humanista centrada en una educación personalizada y donde la familia es eje central la construcción de verdaderos ciudadanos que ejerzan un rol activo como promotores del bienestar social y de una sociedad justa, equitativa y cooperativa.

 

 

Germán Estrada

Psicólogo Gimnasio Campestre
Psicólogo Clínico – Psicoterapeuta
Universidad Nacional de Colombia.

Muy crítico y activo en redes sociales sobre corrupción y analista de fenómenos socio-políticos desde las teorías de desarrollo moral.
Mis intereses personales están ligados a la lectura, el cine arte, cine independiente, cine crítico, música clásica, jazz, pianistas contemporáneos como Yiruma.
Rock clásico, rock alternativo, me encanta jugar fútbol, tenis, atletismo, natación, cantar, hacer viajes culturales, ir a la playa, contemplar las estrellas.
Dictar conferencias, seminarios y foros.

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